Los niños que trajo la Guerra Civil Española a Morelia
Evacuación y dispersión de niños durante la Guerra
Civil
Un
fenómeno, hasta ese momento no registrado en otros conflictos bélicos, lo
constituye la evacuación y dispersión de miles de niños y adolecentes que para
sustraerlos del peligro de la guerra fueron enviados a otros países de Europa,
Asia y América. Las cifras eran verdaderamente alarmantes. De forma, que entre
1936 y 1937, 32 mil menores de las provincias del norte fueron separados de sus
familias y enviados en resguardo al extranjero con el apoyo de algunos
gobiernos y organizaciones humanitarias. En ese contexto, Francia dio cabida a
22 mil niños refugiados, Inglaterra a 38 mil 61, Bélgica 3 mil 268, Suiza a 250
y Dinamarca a 100. La Unión Soviética recibió mil 600 menores y alrededor de
456 fueron enviados a México, estos últimos fueron instalados en un internado
en Morelia. En la mayoría de los casos, los menores enfrentaron situaciones
verdaderamente dramáticas en su formación educativa, alimentación y aspectos
cotidianos que marcaron el futuro de sus vidas. Pasados los años, algunos
lograron reintegrase a sus familias y otros perdieron definitivamente esos
vínculos.
Los niños frente a la guerra
Niños de rostros cansados y perplejos, pasando de mano en mano. Daban la
impresión de haber surgido de la tierra.
Eran como sombras deslizándose de ninguna parte a ninguna parte. Entre
el ruido del mar y el eco de los precipicios el único sonido que producían era
el roce de las sandalias en la piedra, el silbido de una respiración fatigosa,
el gemido que irrumpía en sus labios agrietados y que viajaba a lo largo de la
línea vacilante hasta morir en la distancia.
Henry Norman Bethune, miembro de la Brigada
Internacional canadiense, febrero de 1937.
Rumbo
al exilio
A las tres de la madrugada del martes salimos de Barcelona. [Antonio]
Machado, su madre y algún anciano más fueron hasta Gerona en el coche del
doctor José Puche. El resto en una ambulancia. La ambulancia iba llena a
rebosar de personas, maletas y bultos de toda índole. Las bombas resonaban y
los reflectores y las bengalas iluminaban el cielo. Estuvimos más de una hora
bajo el bombardeo en el arroyo de la Gran Vía Diagonal. Al hacerse el silencio
emprendimos la marcha. Era una noche magnifica. Nuestra caravana se confundía
con la interminable hilera de camiones y de coches que abandonaban la ciudad.
Desfilaban todos en la oscuridad. Para evitar la metralla de la aviación
nuestras ambulancias fueron conducidas por carreteras interiores y secundarias
a través de la sierra del Montseny, por Sant Hilari y Arbúcies. A ambos lados
de la carretera se veían pequeños campamentos de fugitivos que tras un día de
marcha, se habían dormido en torno al fuego. En el interior de la ambulancia, a
oscuras, la languidecían las conversaciones y los comentarios.
Joaquín Xirau, decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de
Barcelona, enero de 1939.
«La paz es mucho más que una toma de postura… es una autentica revolución, un modo de vivir, un modo de habitar el planeta, un modo de ser persona.» María Zambrano